
no es tan terrible ni tan odioso ni tan feo.
Es una ciudad bastante mal planificada, crecimiento "orgánico" dicen algunos. Me quedo con mala planificación urbana. Pero es justamente eso lo que permite encontrar rincones especiales perdidos en medio de una alameda ruidosa e inquieta, como oasis donde no parece pasar el tiempo o, al menos, transcurre a un ritmo mucho menos vertiginoso, más natural sin la artificialidad de los elementos traídos desde "fuera" tan brutalmente incorporados a nuestra ciudad y nuestras costumbres en general. Callejones estrechos donde los autos circulan a menos velocidad y se puede caminar en medio de la calle o andar en bicicleta sin problemas. Por ejemplo, Lastarria. Es increíble como a medida que nos adentramos a esta calle nos vamos alejando de los ruidos y del ritmo desenfrenado de la alameda que está tan cerca.
Se agradecen esos espacios de pausa entre tanto estrés capitalino, un momento de sombra en mitad del camino bajo un sol algo hostil a veces, un leve cambio a la rutina.
No me aburro de ir sentada en la micro viendo pasar cuadra tras cuadra a modo de radiografía urbana donde se ve ese cambio a veces drástico y repentino, a veces sutil, imperceptible de una ciudad que crece tanto como nosotros mismos en medio del smog que nos ennegrece los pulmones y el ruido que calla nuestras mejores ideas.
Una ciudad diversa llamada Santiago, que nos ofrece tantos espacios como estemos dispuestos a recorrer y descubrir. Una ciudad llena de oasis en medio del cemento, un forestal que parece no inmutarse por el mapocho que recorre impasible nuestro bien nutrido paisaje, recordándonos dónde estamos y lo que hemos hecho de esta ciudad.
Santiago no es tan feo, ni odioso ni tan terrible. Y depende de nosotros que la cosa no siga empeorando hasta llegar a un límite en que no sea irreversible_ si es que ya no estamos tocando fondo...
El caso es que si llegamos a odiar la ciudad donde vivimos sin apreciar esos diminutos pero importantes espacios de tranquilidad y belleza, entonces ya no vamos a querer hacer nada por conservar lo poco que nos queda.
La modernidad no implica matar la esencia de nuestra ciudad porque ésa es la esencia de nosotros mismos. Nosotros mantenemos a Santiago con vida. Ahora pongamos también de nuestra parte para que Santiago nos siga manteniendo con vida a nosotros.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario