
Soy adicta a los Frugelé.
No sé exactamente qué es lo que más me gusta de ellos, si su consistencia esponjosa, su cubierta de azúcar, sus sabores artificiales o sus colores brillantes... quizás es toda esa azúcar que me hace sentir bien mientras mi cuerpo la asimila y absorbe todas esas calorías que jamás voy a eliminar. Mi sedentarismo es incompatible con cualquier cosa que implique quema de calorías.
Me inflo de frugelé. Y se siente bien.
Claro, hasta que llegan las recriminaciones y el cargo de conciencia. Pero nada logra empañar el momento de felicidad que siento al ingerir toda esa tartrazina, amarillo crepúsculo, azúcar, jarabe de glucosa, gelatina y colorantes artificiales autorizados acompañados por esos aromas también artificiales que a nadie le importa de dónde vienen ni a dónde van...
Felicidad instantánea envuelta en celofán de colores.
Be my Frugelé.
[sin ánimo de hacer propaganda a la marca... es que... realmente disfruto en este momento de mis amados frugelé]
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